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LA COMUNIDAD MUSULMANA CELEBRA EL RAMADÁN, UNO DE LOS CINCO PILARES DEL ISLAM

Tiempo de obediencia

EN LA MEZQUITA DE ORIHUELA, EL 70 POR CIENTO DE LOS FIELES QUE ASISTEN A LOS REZOS SE HAN QUEDADO SIN TRABAJO

Por M. LuisaMas


El noveno mes del calendario lunar tiene un especial significado en el mundo musulmán. Este período, que ronda el mes de septiembre del año gregoriano, es el ramadán. Los fieles hacen ayuno durante los 30 días que lo constituyen, si bien lo rompen cuando el sol se pone. Mientras tanto, desde el alba hasta la puesta de sol, los musulmanes adultos y sanos no pueden ni comer, ni beber, ni practicar sexo.


Según la creencia mahometana, el 27 de ramadán, Mahoma recibió la primera de las revelaciones de Al-lah, que luego quedarían plasmadas en el Corán.


La tradición se repite cada año en cada pequeña comunidad musulmana. Pero el ramadán del año 1429 (2008 gregoriano) se vive de otra manera en una pequeña comunidad de Orihuela.


En un local que no supera los 300 metros cuadrados, unos 300 fieles acuden con cierta asiduidad a los rezos que se suceden en cada jornada. El 70 por ciento,  -según las estimaciones del imam de esta parroquia, Cherifi Mehdi- no tienen trabajo.


El segmento de población inmigrante es el más afectado por el desempleo, consecuencia directa de la recesión económica que azota a los países desarrollados.

El ánimo no ha decaído demasiado en esta comunidad. Aunque sus peticiones a Al-lah han cambiado de sentido y ahora, además de por la salvación de su alma, los fieles oran para pedir trabajo y que no falte el alimento para sus familias: “No tengo miedo. No tengo faena, ni dinero, pero no tengo miedo porque como. Al-lah me ayuda a no tener miedo”, dice Hassan, uno de los asiduos a los rezos de la mezquita.

El ramadán es uno de los cinco pilares de la fe mahometana. No cumplir con  el ayuno significa pecar, a no ser que existan alguna razón justificada y contemplada en la doctrina del islam que lo permita.

Los otros cuatro pilares de la fe musulmana son: dar testimonio de fe en Al-lah (decir con convicción “la Ilaha illa Allah, Muhammad rasúl Allah”, que significa “No existe Dios verdadero sino Al-lah, y Muhammad es el mensajero de Al-lah”), peregrinar a la Meca (aunque sea una sola vez en la vida), dar limosna y rezar cinco veces al día.

Existen casos concretos y limitados en el tiempo (relacionados con la salud) que permiten al fiel no cumplir el ayuno durante el mes de ramadán, con la condición de recuperarlo cuando vuelva a su estado normal. Estos son: estar embarazada, haber dado a luz recientemente, tener la menstruación (estos casos son exclusivos de las mujeres) o estar enfermo.

En definitiva, no se trata de una norma rígida, sino que el fiel puede “amoldarla” a su antojo, siempre y cuando haya un motivo de peso detrás.

Tampoco están obligados a seguir el ayuno los menores de edad, las personas mayores y las que no están en su sano juicio.

El ramadán es, entre otros muchos sacrificios, una de las privaciones que ayudan al mahometano a alcanzar el paraíso. “La vida se acaba, la vida no es el paraíso”, aclara otro miembro de la citada comunidad de fieles, Oubeidi.

Y la única justicia es la divina. La que, después de la muerte, condena al hombre a arder en el fuego o le permite disfrutar del paraíso eterno.

Aparte del ayuno, durante ramadán, el resto de deberes contemplados en el Corán se acentúan. La obligación de orar cinco veces al día (en cinco momentos concretos que atienden a la situación del sol y la luna) se vuelve más estricta en este período.

“Este un tiempo de obedecer. Un momento de acercamiento, cuando Dios dice: os perdono”, apunta Oubeidi. Del mismo modo, la desobediencia cobra mayor dramatismo durante el ramadán.

Los cinco momentos de oración son el maghrib, que coincide con la ruptura del ayuno y se produce entre el inicio y el final del crepúsculo; el isha, que ha de realizarse entre el final de la puesta de sol y la medianoche; el fajr, al amanecer; el dhuhr, cuando el sol está en su punto más alto; y el asr, cuando la sombra es el doble de larga que el propio cuerpo (por la tarde).

La limosna (o zakat), otro de los pilares del islam, ha de ser más generosa en ramadán. La donación está fijada en el 2,5 por ciento de los ingresos anuales, si es que estos superan determinada cantidad.

En definitiva, el musulmán tiene que ser lo más musulmán que pueda en este mes tan señalado del calendario.
Los mahometanos que hacen el ramadán en Occidente no lo siguen en las mismas condiciones que si estuviesen en un país islámico. Las jornadas laborales, la escuela, las instituciones, los comercios, los horarios... todo se gira en torno al ramadán y sus preceptos. El ritmo de trabajo suele ser la principal divergencia que apuntan los miembros de esta comunidad.

La mayoría de fieles trabajan en el campo o en la construcción y soportan las largas jornadas de trabajo sin ingerir otra cosa que no sea agua. Mientras tanto,  tienen que ver cómo sus compañeros no musulmanes comen y beben.

Otra de las diferencias señaladas por la comunidad musulmana en Occidente es la mujer. Durante el ramadán, todas las mujeres que viven en países islámicos van tapadas de arriba a abajo, aunque no cumplan con esta norma del Corán normalmente. Muchas de las que viven en países donde la religión mayoritaria es la mahometana se ponen faldas y camisetas a diario que dejan al descubierto brazos e, incluso, escote.

Pero en ramadán, cumplen con los preceptos marcados por el Corán, por lo cuales sólo pueden llevar al descubierto la cara y la palma de las manos. “Es por respeto, -explica Hassan- aquí van con minifalda (las mujeres) y...¡uf!”.

Los mahometanos acuden desde los siete años (edad marcada por el Corán para introducirse en la oración) a la mezquita para rezar con el resto de miembros de la comunidad, aunque pueden hacerlo en casa.
En la comunidad de Orihuela, las mujeres no rezan en mezquita porque no hay espacio. Ellas han de permanecer separadas de los hombres y las reducidas dimensiones del local que sirve de templo no permiten instalar una sala para mujeres.

A la mezquita sólo puede entrar “gente limpia”, según dice el imam. No se admite la entrada de mujeres que tengan la menstruación, por ejemplo, ni de borrachos o drogadictos, puesto que se considera que la sangre y las sustancias como el alcohol o las drogas corrompen el cuerpo.

De hecho, inmediatamente después de entrar en el templo y antes de comenzar los rezos, los musulmanes deben lavarse la cara, los pies y las manos hasta el codo. Este precepto es permanente, no sólo es obligatorio en ramadán. Pero, en este período, cada norma y cada deber se magnifican.

Ya ha llegado el 30 de ramadán del año 1429. Los fieles de la mezquita de Orihuela han comprado regalos para sus familias. Sus mujeres estrenarán ropa y los niños, si la delicada economía familiar lo permite, se divertirán con nuevos juguetes.

Unos cien musulmanes empiezan a desplegar alfombras sobre el cemento de una cancha municipal de baloncesto. Después de la oración, los presentes ofrecen los alimentos que han preparado al resto de sus hermanos y celebrarán que, por este año, ya no tienen el peso de la culpa sobre sus hombros.   

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